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Hola a todos. Mi nombre es Alejandra Ríos, soy aprendiz de Tecnología en Cocina en la regional Norte de Santander. Quiero contarles de la grandiosa experiencia vivida como parte del programa de movilización internacional de aprendices SENA en los programas de cocina, mesa y bar en el 2008. Viajamos 13 aprendices de cocina (dos de mi regional) y 3 de mesa y bar de todo el país.
Fue una estadía que duró nueve semanas y consistió en una pasantía de cuatro semanas en el Liceo de Hotelería y Turismo en St Quentin en Yvelynes (Francia) situado aproximadamente a una hora de París, una semana de participación en la competición anual de la Asociación Europea de Escuelas de Hotelería y Turismo (AEHT) en Kureesaare (Estonia) y cuatro semanas de prácticas en el hotel L’Abbaye de Vaux de Cernay en Francia.
Durante la estancia en el Liceo, recibimos diferentes clases sobre historia de la gastronomía, control de calidad, francés, cocina francesa, pastelería, quesos y vinos, diseño de un menú, entre otras. Además los fines de semana teníamos salidas culturales a diferentes regiones, como Champagne y Normandie. Los domingos era nuestro “día libre” y podíamos ir a Paris o a Versalles, hermosas ciudades inundadas de historia, a las que podíamos llegar fácilmente por tren y metro. Valga la pena mencionar el excelente sistema de transporte de este país, su organización y por supuesto su cultura.
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Prácticas en el Liceo
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El grupo con los directivos del Liceo en el último día de clase
En cuanto al idioma, al principio fue un poco complicado, pues es diferente estudiar francés y entenderle al profesor o a la grabación del curso que estar allá y comunicarse con un francés; hablan demasiado rápido y no se sabe cuando termina una frase y empieza la otra. Sin embargo, maltratando el francés y con algo de inglés, español y señas nos hacíamos entender. Contrario a lo que se escucha, los franceses son muy amables en su trato y colaboradores, especialmente cuando uno intenta hablar su idioma, se podría decir que aprecian el esfuerzo. Muestra de ello fue el maravilloso personal del Liceo, los profesores y directivos, no pudimos haber recibido mejor trato.
En el liceo, tuvimos la oportunidad de realizar una velada especial, a la que llamamos “La noche colombiana”. En esta noche, preparamos y presentamos un menú típico de Colombia: como entrada ceviche de camarones, como plato fuerte ajiaco, y como postre se presentaron tres tipos a modo de degustación: sorbete de mango especiado, pudín de coco y banano con queso y bocadillo. Tuvimos algunos pequeños inconvenientes pues no pudimos encontrar toda la materia prima necesaria, por lo que fue necesario realizar cambios, pero estos no alteraron el resultado final de manera significativa.
Tanto el grupo de cocina como el de servicio estuvo conformado por estudiantes franceses y colombianos y fue una excelente oportunidad para integrarnos y trabajar en equipo y sobre todo para dar una pequeña muestra de nuestra gastronomía.
La verdadera prueba para mí llegó en Estonia, pues junto con otros tres compatriotas participaríamos en la 21ª Conferencia anual de la AEHT (Asociación Europea de Escuelas de Hotelería y Turismo), en las competencias de cocina, bar, servicio de restaurante y en el área en la que competí: pastelería. Debo confesar que estaba muy nerviosa, pero al llegar allá e integrarme con estudiantes de toda Europa, me di cuenta de lo mucho que iba a significar esa experiencia. La competencia era en parejas seleccionadas por sorteo; mi compañera fue Emer, de Irlanda, con la que trabajamos perfectamente. Todo transcurrió más rápido de lo esperado y el último día sentía mucha nostalgia por irme. Y aunque ninguno de nosotros obtuvo una medalla, todos vivimos experiencias maravillosas, tanto en el aspecto profesional, como personal. Estar en contacto con personas de toda Europa, de diversas culturas y lenguas, pero todas hablando una (inglés), fue una prueba para todos y sobre todo un gran aprendizaje.
Competencia de pastelería en Estonia
Al regresar a Francia, inicié mi pasantía en el hotel L’Abbaye de Vaux de Cernay, lugar de una antigua abadía construida en 1118. A este hotel llegamos a trabajar tres compañeros del grupo, asignándonos a las áreas de bar, cocina y pastelería. Felizmente me asignaron a esta última, donde estuve bajo la tutoría del chef patissier Mathieu Jourdain, en la que pude aplicar las bases de pastelería aprendidas en el SENA así como aprender algunas nuevas, además fue una oportunidad de estar inmersa en el trabajo de una pastelería, tanto para eventos como para el servicio diario. Comprendí que los franceses son muy aplicados para trabajar, realizan todo con mucha antelación y por eso su servicio es tan eficiente. Tuve la fortuna de contar con excelentes compañeros y jefes, además de sentirme siempre bienvenida, tanto por el personal de la cocina, como por los administrativos. Fue un orgullo y una gran satisfacción que mis compañeros y yo hayamos podido dejar tan buena imagen de los colombianos, expresándolo así el gerente del hotel al director del liceo, “toujour sourire”, (siempre sonrientes) dijo.
Me siento muy agradecida con la vida por esta gran oportunidad, con Dios por tantas bendiciones, pues todo marchó maravillosamente, con mi familia y amigos que tanto me apoyaron, con el SENA por toda su gestión, con mi profesora que no me dejó rendirme aun cuando sentía que no podía, con el Liceo de St Quentin por “adoptarnos” y organizar actividades muy interesantes y educativas, y claro, con el personal de L’Abbaye por abrirme sus puertas y enseñarme tanto.
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L'Abbaye de Vaux de Cernay